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Cómo se valora hoy una empresa de música en vivo
Múltiplos, recurrencia y dependencia del fundador: las tres variables que más pesan cuando un promotor se sienta a negociar.
14 · 05 · 2026 · 7 min de lectura
El punto de partida: los múltiplos
A cierre del primer trimestre de 2025, el sector de entretenimiento cotizaba en una mediana de unas 3,2 veces ventas y 13,2 veces EBITDA. Son los múltiplos de las compañías cotizadas, y sirven como techo de referencia, no como precio.
La realidad de una compañía mediana es bastante más modesta. Highlight Event and Entertainment, por ejemplo, cotiza en torno a 0,9 veces ventas y 3,8 veces EBITDA con una capitalización de 106 millones de dólares, márgenes brutos del 70 % y un margen EBITDA del 23 %. En el otro extremo, Live Nation cerró en 25.100 millones de dólares de ingresos y 2.400 millones de EBITDA.
Por qué la horquilla es tan amplia
Entre 3,8 y 13,2 veces EBITDA hay una diferencia que no explica el tamaño por sí sola. Explica tres cosas.
Recurrencia. Un festival anual con marca consolidada, abonos que se renuevan y patrocinios plurianuales vale mucho más que la misma cifra de negocio construida sobre eventos puntuales.
Dependencia del fundador. Si la relación con artistas, mánagers y administraciones vive en una sola cabeza, el comprador descuenta ese riesgo. La gobernanza no es burocracia: es valor de compañía.
Control del activo. Quien controla el recinto, la licencia o la marca tiene una posición negociadora distinta de quien solo programa.
Las empresas más valiosas no son las que se parecen entre sí, sino las que saben preservar aquello que las hace diferentes.
Qué mirar antes de sentarse a negociar
Antes de abrir un proceso conviene tener resuelto lo básico: información financiera fiable por edición y por línea de negocio, un plan de negocio defendible, los contratos con proveedores y recintos ordenados, y una historia de compañía —el equity story— que explique por qué el crecimiento va a continuar sin las personas que lo hicieron posible hasta aquí.
Ese trabajo previo suele mover el múltiplo más que cualquier negociación posterior. Y tiene un efecto secundario útil: obliga a decidir qué parte del proyecto debe evolucionar y qué parte no debería perderse nunca.
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